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"Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como ”Dios” o ”Amor” resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti.

Fíjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti.

Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que tú haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta ”palabrita”, acuérdate de que su valor estriba en su simplicidad. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos.

(Anónimo Inglés, siglo XIV)

Oración al Santísimo Sacramento

Sólo cuando estoy frente a Ti, me siento pleno
Mi corazón se llena de paz y felicidad
Tu presencia me hace sentirme amado y completo
¡Qué agradable es tu compañía!
Mi fe aumenta al sentir tu abrazo.

Tu eres mi seguridad, mi alivio y mi bendición
En tus manos deposito mi confianza
Inexplicable es tu hermosura, infinito es tu amor.

Tu misericordia es más grande que mis errores
Tu protección me llena de calma
¡Qué privilegiado soy al estar frente a ti!

Vengo adorarte aunque me sienta sediento
Tu amor es la fuente que sacia la sequedad de mi corazón
Cuando miro tu santidad mi alma se llena de gozo
Tu reinas mi voluntad, Señor Jesús.

Cierro mis ojos y me siento comprendido
Tu presencia es la alegría de mis tristezas
Tu misericordia sana mis heridas y renueva mi vida
Cuando estoy a tu lado se desvanece mi soledad.

Tu gracia aparta mi debilidad y armoniza mi vida
Tu seduces mi alma y trasformas mi corazón
Extraordinario e incondicional es tu amor
Nada se compara con tu majestad y tu gloriosa presencia.

De rodillas me alivias y me escoges
En el silencio de tu presencia me respondes
Tu Palabra me acompaña y me anima
El miedo ya no manda
Señor de mi vida, guarda siempre mi alma.



Dios pensaba en ti

Muchos, ante la insatisfacción de la vida, se preguntan, como esperando una respuesta: ¿Por qué vivo y por qué muero? ¿Por qué he nacido aquí y no allí? ¿Por qué soy así y no de otra manera? ¿Habrá valido la pena haber nacido? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿Hay algo más después la muerte? ¿Hay una vida eterna feliz o una oscuridad sin límites?

Muchos ateos se responden a mismos que nada tiene sentido y todo acaba con la muerte. Sin embargo, Dios existe y DIOS ES AMOR (1 Jn 4,8), nos ha creado por amor y nos sigue amando desde toda la eternidad. Desde siglos y siglos antes de que el mundo existiera, cuando no existía el tiempo..., antes del primer día en los millones de años de edad del Universo, antes de que existiera la noche y de que el sol brillara en el firmamento azul, Dios pensaba en ti y te amaba y soñaba contigo y te acariciaba en su Corazón. Tú no has nacido por casualidad. Dios te esperaba desde la profundidad de la eternidad.

Allá, en el silencio de aquella eternidad primera, Dios llenaba con su amor aquel vacío inmenso. Y el Padre engendraba al Hijo y del amor del Padre y del Hijo procedía el Espíritu Santo. Y los TRES vivían con la plenitud de la divinidad. Tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Los TRES igualmente coeternos, de la misma naturaleza e iguales en poder, amor y dignidad. ¡Un verdadero misterio de amor!.

Y su amor infinito decidió proyectarse y crear a los ángeles. Pero muchos de ellos se rebelaron y lo rechazaron y se convirtieron a sí mismos en demonios (Ap 12). Un misterio incomprensible de la bondad y amor de Dios, que respeta su libertad y los ama hasta en el infierno, pues, de otro modo, no podrían ni existir.

También decidió crear a los hombres para hacerlos felices con unos dones maravillosos: inmortalidad, impasibilidad (no poder sufrir), integridad (equilibrio interior), ciencia infusa, pero ellos, por instigación del demonio, pecaron y quedaron privados de esos dones. Así comenzó el drama de la humanidad, pues la vida de todo ser humano será, desde entonces, una lucha contra el mal y contra el Maligno (Ef 6). Pero, de nuevo, el amor infinito de Dios se compadeció de la humanidad caída y sin esperanzas, y el Padre envió a su Hijo para dar sentido al dolor, para ser nuestro compañero de camino y darnos paz, alegría y esperanza.

Según muchos autores, Jesús hubiera venido de todas maneras, aunque el hombre no hubiera pecado. Porque el AMOR de Dios tenía previsto encarnarse, hacerse compañero de los hombres, hacerse uno de ellos; ya que el amor acerca y asemeja a los que aman.

Ahora, Dios te ama a ti tal como eres, sin condiciones. DIOS ES AMOR. Cree en su amor, en su Perdón, en su poder para poder cambiarte. Cree en Dios y podrás dar sentido a tu vida en el AMOR.

Precisamente, para ayudarte en tu caminar por el difícil camino de la vida, vino Jesús a la Tierra. Síguelo y serás feliz.

P. Angel Peña O.A.R.

Sagrario del Altar el nido de tus más tiernos y regalados amores. Amor me pides, Dios mío, y amor me das; tu amor es amor de cielo, y el mío, amor mezclado de tierra y cielo; el tuyo es infinito y purísimo; el mío, imperfecto y limitado. Sea yo, Jesús mío, desde hoy, todo para Ti, como Tú los eres para mi. 

Que te ame yo siempre, como te amaron los Apóstoles; y mis labios besen tus benditos pies, como los besó la Magdalena convertida. Mira y escucha los extravíos de mi corazón arrepentido, como escuchaste a Zaqueo y a la Samaritana. Déjame reclinar mi cabeza en tu sagrado pecho como a tu discípulo amado San Juan. Deseo vivir contigo, porque eres vida y amor.

Por sólo tus amores, Jesús, mi bien amado, en Ti mi vida puse, mi gloria y porvenir. Y ya que para el mundo soy una flor marchita, no tengo más anhelo que, amándote, morir.



Oración de Adoración al Santísimo Sacramento

Señor mío Jesucristo, que por el amor que tienes a los hombres estas de noche y de día en este Sacramento lleno de piedad y de amor, esperando , llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte, yo creo que estas presente en el Santísimo Sacramento del Altar, Te adoro desde el abismo de mi nada y Te doy gracias por todos los regalos que me has dado, especialmente por haberme dado en este Sacramento

Tu Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, por haberme dado como abogada a Tu Santísima Madre, la Virgen Maria, por haberme llamado a visitarte es este momento. Adoro a Tu Amantísimo Corazón y deseo adorarlo por tres motivos, primero, en agradecimiento de esta tan preciosa dádiva, segundo, para desagraviarte de todas las injurias que recibes de Tus enemigos en este Sacramento y tercero porque deseo en esta visita adorarte en todos los lugares de la tierra, aún en la red, donde estás ahora ante mi oculto y mas abandonado.

Jesús mío, Te amo con todo mi corazón, perdona todas las veces que Te he ofendido en el pasado a Tu infinita bondad. Propongo ayudado de Tu gracia, enmendarme en el futuro, y ahora miserable como soy, me consagro toda a Vos,  te doy y entrego toda mi voluntad, mis afectos, mis deseos y todo cuanto me pertenece.

De hoy en adelante, haz Señor de mi y de mis cosas todos lo que Te agrada. Lo que yo quiero y Te pido es tu amor, la perfecta obediencia a Tu Santísima voluntad y la perseverancia final. Te pido por las almas del Purgatorio, especialmente las mas devotas del Santísimo Sacramento y de Tu Madre.

En fin mi amado, uno todos mis afectos y deseos con los de Tu Amoroso Corazón y así unidos los ofrezco a Tu Eterno Padre y te pido en Tu Nombre que por Tu amor los acepte y mire benigmamente.

Bendice Amado mio a todos los que lean este acto de Adoración.

Amén.  

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