Capilla virtual



Aquí me tienes, Jesús.
Vengo a hacerte un rato de compañía.
Para alabar contigo al Padre.

Para agradecerle sus gracias sobre nosotros.
Para pedir perdón por el mundo pecador.
Para suplicarle sus favores por mediación tuya
Creo que estás aquí presente, Señor Jesús.
Y creo en ti, y te adoro y te amo.
Vengo a verte porque me estás esperando.

Porque me amas, y me quieres ver contigo.
Porque te amo, y no sé pasar sin ti.
Eres mi Dios, y te adoro.
Eres mi Maestro, y te escucho.

Mi Hermano y mi Amigo, y te quiero.
Mi Señor y mi Rey, y te sirvo.
Dejo de lado por un rato mis quehaceres
para estar a tus pies, como María de Betania,
mirándote, escuchándote, amándote.

Después, regresaré a mis obligaciones
o al nido de mi hogar,
pero será con el corazón lleno de tu alegría
y con mucho más amor.

Jesús, te quiero.
Jesús, te bendigo.


El sacramento del amor

Del Evangelio según San Juan. 17,1.24-28.

Jesús levantó los ojos al cielo, y dijo: "Padre, yo quiero que donde yo estoy estén también los que tú me has dado, para que contemplen mi gloria, la que tú me has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo esté en ellos"

Palabra del Señor

Esto lo dijo Jesús cuando acababa de instituir la Eucaristía, llamada el "Sacramento del Amor", porque en ella el amor de Cristo se desbordó hasta lo indecible, como nos dice el Concilio de Trento:
"Nuestro Salvador instituyó este Sacramento en el cual echó el resto de las riquezas de su divino amor para con los hombres, dejándonos un monumento de sus maravillas".

El Papa León XIII dirá por su cuenta: "La Santísima Eucaristía es el don divinísimo salido de lo más íntimo del Corazón del mismo Redentor, que quería esta estrechísima unión con los hombres".
Y comentará el Beato Federico Ozanam: "En la Eucaristía se consuma el supremo abrazo de Cristo con los hombres".

Estas expresiones no son algo que nos inventemos nosotros, sino que son nacidas de la Palabra de Dios. El Cuerpo de Cristo que aquí nos comemos es aquel del que dijo Jesús: "se entregará por
ustedes" (Lucas 22,19). Fue una entrega nacida del amor más hondo, como nos asegura San Pablo: "Cristo nos amó, y se ofreció a sí mismo a Dios en oblación y hostia de olor suavísimo" (Efesios
5,2)

Por eso atrae nuestros corazones al verlo en la cruz: "Cuando yo sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Juan 12,32) Y porque se dio por amor, ahora cosecha amor. Pues, al dársenos
además en comunión, establece una unión tan íntima entre Él y el comulgante, que los dos corazones se funden en uno solo: "Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Juan
6,57)



Hablo al Señor

Sólo tu amor, Jesús, pudo imaginar, inventar y realizar este prodigio de la Eucaristía en el que has encerrado todos los tesoros divinos. Yo quiero fundirme en ti para tener los dos un solo corazón,
para ser también un solo corazón con mis hermanos, a fin de que todos en tu Iglesia seamos por el amor la imagen viviente de la Trinidad Santísima, tal como Tú se lo pediste al Padre en oración ardiente:

"Que todos sean uno, como lo somos nosotros".

Señor, que estás presente en el Sacramento del Amor.
— Te cantamos, amor de los amores.
Señor, que en la Eucaristía echaste el resto de tu amor.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que buscas una unión estrechísima con nosotros.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que aquí nos das el abrazo supremo de tu amor.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que por amor te entregaste a la pasión y a la cruz.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que nos has dejado aquí el memorial de tu amor.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que nos arrastras a amarte con todo el corazón.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que permaneces en nosotros cuando te recibimos.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que tienes tus delicias en estar con nosotros.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que nos unes contigo a todos los hermanos.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que nos haces amarnos a todos con un solo corazón.
— Te cantamos, amor de los amores.

Señor, que consumarás nuestro amor en la Gloria celestial.
— Te cantamos, amor de los amores.




Señor Jesús, yo, que voy buscando amor y no tengo más felicidad que vivir en el amor, quiero sentir los efluvios de tu amor inmenso en este divinísimo Sacramento, amor de los amores. Que sacie mis grandes ansias de amar en ese tu amor que me das aquí y que nunca me fallará.

Madre María, que ardes en amor a Jesús como ningún otro corazón puede arder. Enséñame a amar a mi Señor Jesucristo. Arrástrame siempre hacia ese Jesús, que se me da en la Eucaristía con amor indecible, para amarle yo a Él como Él me ama a mí.

Fuente: Pedro García, Mi Hora Santa Eucarística
Fotos: cathopic.com

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