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Mostrando entradas de abril, 2014

Juan Pablo II

Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer (Lucas 24,13-35)

Lectura del santo evangelio según san Lucas
Gloria a ti, Señor

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?” Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él lespreguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas…

¿Qué hace Poncio Pilato en el Credo?

No pocos se extrañan de encontrar en una formulación de fe tan escueta como es el Símbolo Apostólico, la mención de Poncio Pilato. Pero en realidad ésta fue una necesidad, para que los cristianos de los primeros tiempos, tentados por las modas de aquellos días a espiritualizar al Señor, tuvieran siempre presente que Jesús había predicado y realizado las obras de Dios en un lugar y tiempo determinados; es decir, que el Logos se había encarnado y se hizo parte de nuestra historia, comprometido con los hombres y vivido sus circunstancias humanas.

No es, pues, Jesús un mito o leyenda de los que se cuentan desde siempre: «Había una vez un hombre...». No. Tampoco es Jesús un superhombre, una proyección de las ansias de grandeza del hombre y de su sed de poder.

Jesús de Nazaret es un personaje histórico, que vivió en un determinado tiempo de los emperadores romanos Augusto y Tiberio, en una provincia del gran imperio romano, llamada Palestina. Jesús está dentro de la historia humana.

Cómo eran…

¡Hosanna! (Mateo 21,1- 11)

Lectura del santo Evangelio según san Mateo
Cuando se aproximaban ya a Jerusalén, al llegar a Betfagé, junto al monte de los Olivos, envió Jesús a dos de sus discípulos, diciéndoles: “Vayan al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrarán amarrada una burra y un burrito con ella; desátenlos y tráiganmelos. Si alguien les pregunta algo, díganle que el Señor los necesita y enseguida los devolverá”.
Esto sucedió para que se cumplieran las palabras del profeta: Díganle a la hija de Sión: He aquí que tu rey viene a ti, apacible y montado en un burro, en un burrito, hijo de animal de yugo.
Fueron, pues, los discípulos e hicieron lo que Jesús les había encargado y trajeron consigo la burra y el burrito. Luego pusieron sobre ellos sus mantos y Jesús se sentó encima. La gente, muy numerosa, extendía sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de los árboles y las tendían a su paso. Los que iban delante de él y los que lo seguían gritaban: “¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David…

Y tú, ¿a quien te quieres parecer?

Y tú, ¿a quien te quieres parecer? Acaso a ese cantante popular, o a algún jugador de fútbol afamado, o a esos personajes que se ven en las publicidades disfrutando en fiestas con gente sonriente y copas en sus manos. Me dirás que no, que te sientes cómodo pareciéndote a nadie en particular. Sin embargo, ¿qué comportamientos imitas, que cosas buscas con esfuerzo y anhelo?

Quizás la manera más efectiva de comprender a quien queremos parecernos consiste en descubrir aquellas cosas que nos incomodan, que nos hacen sentirnos cómo fuera de lugar. Por ejemplo, cuando nos ponemos en la necesidad de decir algo o emitir una opinión que contradice lo que se considera normal, ante quienes nos rodean. En esos momentos pensamos que quizás los demás van a rebatir nuestras opiniones, ¿y entonces que haremos? ¿Nos atreveremos a presentar ideas que no son vistas en televisión, calificadas como lo bueno y deseable? ¿Toleraremos el ser rechazados y mirados como quizás fuera de época y hast…

María, La Madre Buena - Kairoi

MARÍA, LA MADRE BUENA (Kairoi)
Tantas cosas en la vida
nos ofrecen plenitud y no son más que mentiras
que desgastan la inquietud.
Tú has llenado mi existencia al quererme de verdad,
yo quisiera, Madre Buena, amarte más.
En silencio escuchabas la palabra de Jesús,
y la hacías pan de vida meditando en tu interior.
La semilla que ha caído ya germina y está en flor.
Con el corazón en fiesta cantaré.
AVE MARÍA, AVE MARÍA, AVE MARÍA, AVE MARÍA.
Desde que yo era muy niño has estado junto a mí,
y guiado de tu mano aprendí a decir sí.
Al calor de la esperanza nunca se enfrió mi fe,
y en la noche más oscura fuiste luz.
No me dejes, Madre mía, ven conmigo al caminar.
Quiero construir mi vida y crear fraternidad.
Muchas cosas en nosotros son el fruto de tu amor.
La plegaria más sencilla cantaré.

Las perlas son producto del dolor

Cuando Jesús fue llevado al patíbulo de la cruz, clavaron sus pies y manos.

Por esas heridas se desangró, hasta perder la vida. Pero cuando resucitó de entre los muertos, lo primero que mostró a sus discípulos fueron esas mismas llagas y les dijo: La paz esté con ustedes: Jn 19, 19-20.

Ya no brotaba sangre, sino que esas mismas llagas eran fuente de paz y de salud para todos los hombres.

Por eso, había exclamado Isaías, el profeta mesiánico: Por sus llagas hemos sido curados: Is 53, 5.

¿Cómo se logra que una herida se transforme en fuente de salud y paz para nosotros y para los demás? La Palabra de Dios nos ofrece la respuesta:
 LA PERLA PRECIOSA
Las perlas son producto del dolor; resultado de la lastimosa  entrada  de  un elemento indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.  En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa, que comienza a cubrir este cuerpo extraño con capas, capas y más capas de nácar para proteger la ostra…