Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2017

La ofrenda que agrada a Dios

"Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder"
Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusar a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. 
El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior…

Ven, Espíritu Santo, danos un corazón fuerte

Ven, Espíritu Santo, danos un corazón grande, abierto a tu silenciosa y potente palabra inspiradora;  un corazón hermético ante cualquier ambición mezquina; un corazón grande para amar a todos,  para servir a todos, para sufrir con todos; un corazón fuerte para resistir a cualquier tentación,  cualquier prueba, cualquier desilusión, cualquier ofensa;  un corazón feliz de poder palpitar al ritmo del corazón de Cristo y cumplir humildemente, fielmente, la divina voluntad.

Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer

“Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer” (Lucas 24,29)
Quédate con nosotros, Señor.  La noche está cerca… o ya está aquí. La oscuridad nos rodea.
Quédate con nosotros, que nos acechan las tinieblas de la droga, la violencia, el odio, las armas y las balas. Se Tú, Señor, la luz y la salvación de nuestro pueblo, de nuestras almas, de nuestro diario caminar.
Este pueblo hoy clama a Ti, grita tu Santo Nombre, dobla su rodilla y anhela la gracia de poder reconocerte, de saberte vivo y presente. Este pueblo hoy ansía ser capaz de confiar en tu infinita Misericordia.
Alcánzanos, Señor, encuéntranos, en este camino equivocado que llevamos. Detennos y haznos corregir la dirección de nuestros pasos. Que ya no seamos tan necios, tan obtusos, tan empecinados en retroceder a tiempos remotos, cuando la buena nueva aún no se nos había anunciado.

Tercera parte del secreto de Fátima

Tercera parte del secreto de Fátima, revelado el 13 de julio de 1917 a los tres pastorcillos en la Cueva de Iria-Fátima y transcrito por Sor Lucía el 3 de enero de 1944. Hecho público por el Secretario de Estado, Su Eminencia, Angelo Cardenal Sodano, el 13 de mayo del 2000.

"Escribo en obediencia a Vos, Dios mío, que lo ordenáis por medio de Su Excelencia Reverendísima el Señor Obispo de Leiria y de la Santísima Madre vuestra y mía.

"Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un Angel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él; el Angel señalando la tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ¡Penitencia, Penitencia, Penitencia! Y vimos en una inmensa luz qué es Dios: 'algo semejante a como se ven las personas …

Señor, yo quiero creer en Ti (Oración por la Fe)

Señor, yo creo, yo quiero creer en Ti
Señor, haz que mi fe sea pura, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.
Señor, haz que mi fe sea libre, es decir, que cuente con la aportación personal de mi opción, que acepte las renuncias y los riesgos que comporta y que exprese el culmen decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.
Señor, haz que mi fe sea cierta: cierta por una congruencia exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz confortadora, por su conclusión pacificadora, por su connaturalidad sosegante.

San Francisco de Asís y la verdadera alegría

El mismo fray Leonardo refirió allí mismo que cierto día el bienaventurado Francisco, en Santa María, llamó a fray León y le dijo:
– «Hermano León, escribe.»
El cual respondió:
– «Heme aquí preparado.»
– «Escribe –dijo– cuál es la verdadera alegría.
Viene un mensajero y dice que todos los maestros de París han ingresado en la Orden. Escribe: No es la verdadera alegría.
Y que también, todos los prelados ultramontanos, arzobispos y obispos; y que también, el rey de Francia y el rey de Inglaterra. Escribe: No es la verdadera alegría.
También, que mis frailes se fueron a los infieles y los convirtieron a todos a la fe; también, que tengo tanta gracia de Dios que sano a los enfermos y hago muchos milagros: Te digo que en todas estas cosas no está la verdadera alegría.
Pero ¿cuál es la verdadera alegría?