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Mostrando entradas de agosto, 2016

¿Por qué ofrecer una misa por nuestros difuntos?

La misa, sea celebrada en la iglesia de un pequeño pueblo de la montaña, en la catedral de Ajaccio o en la basílica de San Pedro de Roma, tiene un alcance universal. Lo que se hace presente, a saber, el sacrificio de Cristo ofreciendo su vida al Padre en un extraordinario estallido de amor, es “por nosotros y por todos”. La Eucaristía, sacramento del amor, nos convierte en contemporáneos del sacrificio de Cristo al Padre, a fin de que nos podamos asociar a este gesto de ofrenda y participar en la obra de nuestra salvación y de la salvación del mundo.

Con todo, el alcance universal de la celebración de la Eucaristía permite al presbítero que la celebra añadir una intención particular que le es confiada por los fieles. Las intenciones son diversas, afectan a la vida de las personas, a los acontecimientos que las marcan, pero también y sobre todo a los fieles difuntos. El uso se ha extendido, en las familias, de hacer celebrar una misa por un difunto. ¿Cuál es el alcance y el significado…

Cuando María saluda

"Madre, yo te saludo; salúdame también Tú a mi"

Cuando en el campo de concentración de Dachau la necesidad era ya insoportable y muchos de los prisioneros morían de hambre, el Padre Kentenich promovió entre el círculo de los Schonstattianos una Novena a la Madre de Dios. Y con ella logró la ayuda anhelada.

Esta Novena finalizó en la Fiesta de la Visitación (2-7-1942).

Al contemplar esta Fiesta de María, el Padre Kentenich hizo una oración para los nueve días: "Madre, yo te saludo; Madre, salúdame también Tú a mi."

¿Cuál es la mejor oración?

Por: Rev. Jules V. Simoneau, S.S.S. 
Si me preguntaras cuál es la oración mejor y más corta que pudieras ofrecer a Dios en todo tiempo y en todo lugar, sin titubear yo te daría la respuesta en seis palabras: ¡OH DIOS MIO, YO TE AMO!

Y entusiastamente te exhortaría para que repitieras estas palabras ardientes durante todas las horas que pases despierto. Nada puede ser más grato a Dios, ni tan edificante para ti que tales actos de amor frecuentes y fervorosos.

Al principio estas palabras pudieran parecerte mecánicas, o sonar artificiales en tus labios, pero a fuerza de repetición pronto llegarían a convertirse en tan significativas para ti, como en realidad lo son.

¡OH DIOS MIO, YO TE AMO! No existe un pensamiento que valga la pena, sentimiento o aspiración que estas palabras no puedan comunicar hasta Dios, de ti. En tus labios y en tu corazón pueden convertirse en la fórmula y la expresión de toda virtud y de todo deseo. Precisamente porque significan lo que significan, estas palabras p…

La eucaristía y la virgen María

Benedicto XVI, Exhortación «Sacramentum caritatis», n. 33.
La relación entre la Eucaristía y cada sacramento, y el significado escatológico de los santos Misterios, ofrecen en su conjunto el perfil de la vida cristiana, llamada a ser en todo momento culto espiritual, ofrenda de sí misma agradable a Dios. Y si bien es cierto que todos nosotros estamos todavía en camino hacia el pleno cumplimiento de nuestra esperanza, esto no quita que se pueda reconocer ya ahora, con gratitud, que todo lo que Dios nos ha dado encuentra realización perfecta en la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra: su Asunción al cielo en cuerpo y alma es para nosotros un signo de esperanza segura, ya que, como peregrinos en el tiempo, nos indica la meta escatológica que el sacramento de la Eucaristía nos hace pregustar ya desde ahora.

La Asunción de la Santísima Virgen María

La Virgen María ha sido glorificada
sobre los coros de los ángeles;
que se alegren los fieles
y bendigan todos al Señor.
Laudes, ant. 2
En el año 1950, cuando se declaró el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo, y en los meses previos a la Declaración, a pesar de que las comunicaciones entre los diversos países del mundo no podían equipararse en rapidez y eficiencia con las comunicaciones actuales, el tema de la Asunción de la Virgen en cuerpo y alma al Cielo, tuvo bastante difusión y se le dio mucha importancia, tanto en los medios eclesiales, como en los seculares.

Alegría de los afligidos, abogada de los cristianos

Dulzura de los ángeles (Oración de la liturgia bizantina).
Dulzura de los ángeles, alegría de los afligidos, abogada de los cristianosVirgen madre del Señor, protégeme y sálvame de los sufrimientos eternos. 
María, purísimo incensario de oro, que ha contenido a la Trinidad excelsa; en ti se ha complacido el Padre, ha habitado el Hijo, y el Espíritu Santo, que cubriéndote con su sombra, Virgen, te ha hecho madre de Dios.

El regalo de vivir

Manuel Rodríguez Díaz.
No sabemos cuánto tiempo queda, si bastará, si no nos hará falta un poco más. Nunca estamos, en realidad, seguros si alcanzarán los minutos; si habrá suficiente carga en las baterías del reloj para poder concluir que hemos encontrado aquello que buscamos; que aquellas aspiraciones que fraguamos alguna vez ya son, o al menos pronto serán, cosa tangible. Dijo alguien, y si no lo ha hecho debería, que el camino es la meta; no hay certeza de llegar, así que cada paso es una raya final que se cruza.
Nada es más importante que nada. Dedicarnos a tal o a cual cosa será tan significativo como queramos que sea. Por más trillado que pueda sonar, es el entusiasmo, el corazón que pongamos en lo que sea que realicemos, lo que determinará que un día podamos apreciar que valió la pena.

Es hora de despertar

Manuel Rodriguez Diaz
   Dice san Pablo en la carta a los romanos “…el tiempo insta, y que ya es hora de despertarnos de nuestro letargo…” 
El mundo nos invita a vivir adormecidos, apagados; creyendo a pie juntillas cualquier cosa que nos digan desde la televisión o cualquier otro medio. Nos dicen que nos debe preocupar y a que no debemos prestar atención, que cosa es verdad y que cosa no lo es. Nos creen idiotas, parecen muy seguros de ello.

San Chárbel. Ermitaño

Nació en el pueblo de Beqakafra, a 140km. del Líbano, capital libanesa, el 8 de mayo, de 1828. Era el quinto hijo de Antun Makhlouf y Brigitte Chidiac, una piadosa familia campesina. Fue bautizado a los ocho días en la Iglesia de Ntra. Señora en su pueblo natal, recibiendo por nombre Yusef (José). A los tres años el padre de Yusef fue inscrito en el ejército turco en la guerra contra los egipcios y muere cuando regresaba a casa. Su madre cuida de la familia siendo gran ejemplo de virtud y fe. Pasado un tiempo, ella se casa de nuevo con un hombre devoto quien eventualmente será ordenado sacerdote (en el rito maronita, hombres casados son elegibles al sacerdocio).