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Mostrando entradas de marzo, 2016

Metanoia. Llamados a una total y verdadera transformación

Manuel Rodriguez Diaz
En general, cuando hablamos de dejar todo para seguir a Jesús, cuando hablamos de cambio y de ser mejores, nos referimos a dejar atrás todo lo que consideramos malo; lo que nos daña a nosotros mismos y con lo que hacemos daños a los demás. Hablamos de cumplir los mandamientos (“No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre…”)

Domingo de Resurrección

¡Ha resucitado!
A las mujeres que acudieron al sepulcro, la mañana de Pascua, el ángel les dijo: «No temáis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. ¡Ha resucitado!». ¿Pero verdaderamente ha resucitado Jesús? ¿Qué garantías tenemos de que se trata de un hecho realmente acontecido, y no de una invención o de una sugestión? San Pablo, escribiendo a la distancia de no más de veinticinco años de los hechos, cita a todas las personas que le vieron después de su resurrección, la mayoría de las cuales aún vivía (1 Co 15,8). ¿De qué hecho de la antigüedad tenemos testimonios tan fuertes como de éste?

Sábado santo

Cuando intentamos sintetizar las oraciones litúrgicas del sábado santo nos impresiona, ante todo, la profunda paz que respiran. Cristo se ha ocultado, pero a través de estas tinieblas impenetrables se ha convertido también en nuestra salvación; ahora se realizan las escuetas palabras del salmista: «aunque bajase hasta los infiernos, allí estás tú». En esta liturgia ocurre que, cuanto más avanza, comienzan a lucir en ella, como en la alborada, las primeras luces de la mañana de pascua. Si el viernes santo nos ponía ante los ojos la imagen desfigurada del traspasado, la liturgia del sábado santo nos recuerda, más bien, a los crucifijos de la antigua Iglesia: la cruz rodeada de rayos luminosos, que es una señal tanto de la muerte como de la resurrección.

Viernes santo

Mirarán al que traspasaron (Juan 19,37). 
Con estas palabras cierra el evangelista Juan su exposición de la pasión del Señor; con estas palabras abre la visión de Cristo en el último libro del Nuevo Testamento, el Apocalipsis, que deberíamos llamar «revelación secreta». Entre esta doble cita de la palabra profética veterotestamentaria se halla distendida toda la historia: entre la crucifixión y la vuelta del Señor.
 En estas palabras se habla, simultáneamente, del anonadamiento del que murió en el Gólgota como un ladrón, y de la fuerza del que vendrá a juzgar al mundo y a nosotros mismos.

Jueves santo

El lavatorio de los pies
Joseph Ratzinger .

En esta meditación quisiera interpretar un aspecto de la visión del misterio pascual que hallamos en el Evangelio de Juan. Muchos exegetas actuales se hallan de acuerdo en que el Evangelio de Juan se divide en dos partes:

Miércoles santo

Hoy vamos a meditar la misma escena que ayer, explicada esta vez por Mateo. Lo esencial es común en ambas narraciones.
Pero Mateo pone de relieve algunas significaciones diferentes de las anotadas por Juan.

Martes santo

-Jesús dijo: "Uno de vosotros me entregará" Se miraban los discípulos unos a otros, sin saber de quién hablaba.
Jesús toma la iniciativa de anunciar la traición. Está solo. Nadie entiende en esto nada.

Lunes santo

La historia de la unción en Betania parece, a primera vista, que corresponde al campo de lo anecdótico. Pero el mismo Jesús añade en el evangelio: «En verdad os digo: dondequiera que se predique el evangelio, en todo el mundo se hablará de lo que ésta ha hecho, para memoria de ella» (Mc 14,9). ¿Pero en qué radica esta afirmación que dura a través de los tiempos?

Domingo de Ramos

Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando con ramos de palmas: "Hosanna en el cielo".
Nosotros conocemos ahora que aquella entrada triunfal fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! ¿Por qué tan brusca mudanza, por qué tanta inconsistencia? Para entender algo quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.

San José, el santo del Silencio

Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no se le escucha ni una sola palabra. No es que haya sido uno de esos seres que no hablaban nada, pero seguramente fue un hombre que cumplió aquel mandato del profeta antiguo: “Sean pocas tus palabras”. Quizás Dios ha permitido que de tan grande amigo del Señor no se conserve ni una sola palabra, para enseñarnos a amar también nosotros en silencio. “San José, Patrono de la Vida interior, enséñanos a orar, a sufrir y a callar”.

Día de san Patricio

"Yo era como una piedra en una profunda mina; y aquel que es poderoso vino, y en su misericordia, me levantó y me puso sobre una pared." - San Patricio

Sin cesar doy gracias a Dios que me mantuvo fiel el día de la prueba. Gracias a él puedo hoy ofrecer con toda confianza a Cristo, quien me liberó de todas mis tribulaciones, el sacrificio de mi propia alma como víctima viva, y puedo decir: ¿Quién soy yo, y cuál es la excelencia de mi vocación, Señor, que me has revestido de tanta gracia divina?

El Señor no está lejos de sus fieles

Manuel Rodriguez Diaz
El Señor no está lejos de sus fieles, dice el Salmo 33, pero ¿qué tan cerca está? o, ¿qué tan lejos estoy de Él?.
Dios está a la distancia de un vaso de agua que des a uno que tenga sed; sea amigo, enemigo o un completo extraño. Está tan cerca como diez segundos aguantando la respiración, para no responderle a alguien de mala manera, porque estás de mal humor.
Dios está a la distancia de Padrenuestro u otra oración, en cualquier momento y en cualquier lugar. Está tan cerca como el esfuerzo que haga para no hablar mal de alguien; y para evitar que otro lo haga.

Luz y sal. «Estos son los que han atravesado la gran tribulación» (Apocalipsis 7,14)

«Estos son los que han atravesado la gran tribulación» (Apocalipsis 7,14). Al anciano que pregunta quiénes son y de dónde vienen los que están vestidos de blanco, se le responde que «han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero» (Apocalipsis 7, 14). Es una respuesta a primera vista extraña. Pero en el lenguaje cifrado del vidente de Patmos se da una referencia precisa a la cándida llama de amor, que llevó a Cristo a derramar su sangre por nosotros. En virtud de esa sangre, somos purificados. Apoyados por esa llama, también los mártires han derramado su sangre y se han purificado en el amor: en el amor de Cristo que les ha hecho capaces de sacrificarse a su vez por amor. Jesús dijo: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Juan 15,13). Cada testigo de la fe vive este amor «más grande» y, siguiendo el ejemplo del divino Maestro, está dispuesto a sacrificar la vida por el Reino. De este modo, uno se hace amigo de Cristo, se conforma con …

"Nada te Turbe" de Santa Teresa de Jesús ¿Un salmo teresiano?

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza.
Quien a Dios tiene nada le falta.
¡ Sólo Dios basta !
Lectura espiritual del poema "Nada te Turbe" de Santa Teresa de Jesús 

Padre Tomás Álvarez. C.D.
Parece casi superfluo hacer la presentación del poema de la Santa. ¿Quién no lo conoce? Lo hemos leído de letra suya, más o menos imitada. Lo hemos cantado musitando su música sedante. Tantas veces hemos repetido sus versos en grupos de oración, haciendo espacio al silencio de todos. En momentos difíciles se lo hemos insinuado al amigo: mira que todo se pasa! Nada te turbe, decía Santa Teresa. Que Dios está por encima de todo...

Oración de San Francisco ante el Cristo de San Damián

Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para que cumpla tu santo y verdadero mandamiento.
(San Francisco de Asís)

5 panes y 2 peces

5 panes y 2 peces
Letra y Música: Manuel Rodriguez Diaz.

Nos viste hambrientos, abatidos como ovejas descuidadas / agotados y perdida la mirada. Te compadeciste, Señor...

Cinco panes y dos peces; bastaron para el milagro, Señor. Cinco panes y dos peces; bastaron para tu amor...