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Mostrando entradas de febrero, 2017

La limosna, la oración y el ayuno

Jesús llama a practicar la limosna, la oración y el ayuno, no desde el impulso vacío por las apariencias y la vanagloria, si no desde el humilde silencio de la verdadera trascendencia.
Cuídense de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad les digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad le digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y…

Carta de San Francisco de Asís a las autoridades de los pueblos

1 A todos los "podestà" (*) y cónsules, jueces y gobernantes de toda la tierra y a todos los demás a quienes lleguen estas letras, el hermano Francisco, vuestro pequeñuelo y despreciable siervo en el Señor Dios, os desea a todos vosotros salud y paz. 2 Considerad y ved que el día de la muerte se aproxima (cf. Gén 47,29). 
3 Os ruego, por tanto, con la reverencia que puedo, que no echéis en olvido al Señor ni os apartéis de sus mandamientos a causa de los cuidados y preocupaciones de este siglo que tenéis, porque todos aquellos que lo echan al olvido y se apartan de sus mandamientos, son malditos (cf. Sal 118,21), y serán echados por él al olvido (Ez 33,13). 4 Y cuando llegue el día de la muerte, todo lo que creían tener, se les quitará (cf. Lc 8,18). 5 Y cuanto más sabios y poderosos hayan sido en este siglo, tanto mayores tormentos sufrirán en el infierno (cf. Sab 6,7).

Si Jesús no es nada ¿Por qué le tienes tanto miedo…?

¿Quién es Jesús para ti? ¿Quién es Jesús, hoy, para ti? ¿Una historia bonita? ¿Una voz que resuena con fuerza? ¿Alguien de quien te escondes detrás de un parapeto de autosuficiencia y, lo que supones es, profundo conocimiento?

Si tan sólo es una historia bonita, ligera, en nada distinta a cualquier colección de frases, no estás flotando en la superficie; ni siquiera te has mojado.
Si es una fuerza, una voz poderosa que te interpela y te incomoda y hasta te parece que te hace la vida más difícil porque te lleva a comparar lo que haces y lo que dices con lo que piensas, lo que quieres con lo que te conviene, lo que sabes que es bueno con lo que quieres creer que es bueno; entonces estás nadando, extiende tu mano y pide su ayuda; Él no te dejará perecer.

Señor, concédenos la humilde simplicidad de la fe

Señor, Jesucristo, de la oscuridad de la muerte hiciste surgir la luz. En el abismo de la soledad más profunda habita, de ahora en adelante y para siempre, la protección poderosa de tu amor; desde el rincón oscuro ya podemos cantar el aleluya de los que se salvan.
Concédenos la humilde simplicidad de la fe, que no se desvanece cuando nos acosan las horas de oscuridad y abandono, cuando todo se torna problemático.
Concédenos en este tiempo en que, en derredor de uno se traba una lucha mortal, la luz suficiente para no perderte de vista; suficiente luz para poder entregarla a los que de ella necesitan más que nosotros.
Haz brillar sobre nosotros el misterio de tu alegría pascual como aurora de la mañana. Concédenos ser personas verdaderamente pascuales en medio del sábado santo de la historia.

Cambiando el corazón

El amor muere en muchos matrimonios, la vida consagrada se marchita si no se renueva con el agua de la oración. Una buena parte de la existencia consiste en renovar, refrescar, en echar nueva leña a la hoguera. Subir, siempre subir, querer ser otro, distinto, mejor; mejor en lo humano, mejor en lo intelectual y en lo espiritual. 
Cuando uno se para, se enferma; cuando uno se para definitivamente, ha comenzado a morir. Con Cristo hay que volver a empezar. 
Todo comienza, todo vuelve a empezar, si queremos; todo como recién estrenado. Lo viejo, lo sucio y desordenado no van con la nueva vida. Y creed en el Evangelio, la Buena Nueva: Creer en Jesús y en el mensaje de salvación que trae. Este mensaje es muy actual: convertios y creed en el Evangelio. Pero hay diferentes maneras de reaccionar frente al mismo: desde la aceptación amorosa hasta el rechazo absoluto, pasando por la aceptación a medias. 
Nos asusta el compromiso, porque nos falta el amor. ¡Cuánto nos cuestan las virtudes: la o…

10 citas bíblicas sobre la Vocación

No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los he elegido a ustedes, y los he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca; de modo que todo lo que pidan al Padre en mi nombre se los lo conceda. (Juan 15, 16)

Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: "Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa." (Lucas 19, 5)

Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: "Sígueme." (Juan 1, 43)

Subió al monte y llamó a los que él quiso; y vinieron donde él. (Marcos 3, 13)

Jesús se detuvo y dijo: "Llámenle." Llaman al ciego, diciéndole: "¡Animo, levántate! Te llama." (Marcos 10, 49)

Y percibí la voz del Señor que decía: "¿A quién enviaré? ¿Y quién irá de parte nuestra"? Dije: "Heme aquí: envíame." (Isaías 6, 8)

Dos extraños invitados en la Presentación de Jesús en el Templo

En la primera fiesta de la Presentación hubo dos extraños invitados. Se invitaron ellos mismos. María y José no hicieron otra cosa que "sentirse maravillados" por la intervención de los dos invitados-sorpresa. El se llamaba Simeón y era justo y piadoso. La tradición dice que era, además, viejo. Lo ha llamado "El anciano Simeón". Sin duda, porque dijo aquello de "puedes ya dejar ir a tu siervo...". Ella se llamaba Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era profetisa y tenía 84 años. Otra anciana. Ambos andaban por el templo paseando su esperanza. Esperaban. Años y años esperando. Hasta que llegó Jesús y reconocieron en El al objeto de su esperanza. Simeón improvisó un poema de iluminación y Ana también alabó al Señor. Además, la viejísima Ana dio en hablar de Jesús "a cuantos esperaban la salvación de Jerusalén". Ninguno de los dos estaba previsto en el ritual de la Presentación pero he aquí que se erigieron en sombras maravilladas y luminosa…