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Unidos a Cristo nunca estamos solos.


Unidos a Cristo nunca estamos solos. Unidos a Él, que es el camino, avanzamos seguros porque Él nos invita y, al mismo tiempo, nos da la gracia de anhelar seguirle; nos impulsa hacia adelante y nos lleva de la mano; de esta forma se convierte en nuestro guía, compañero, sendero y destino.

Unidos a Cristo vemos a aquellos que nos aman como un testimonio del amor que el Padre nos envía en el Hijo. Consideramos a aquellos que nos odian, o dicen odiarnos, como a hermanos nuestros que sufren y se hacen daño por el dolor de los rencores almacenados, y unidos a Él pedimos, para ellos y nosotros, la paz de Su perdón.

Unidos a Cristo esperamos con alegría y vemos más allá de la temporal tristeza. Cambiamos por dentro más allá de la apariencia. Anclamos la barca de la FE que con Su amor resiste todas las tormentas.

Unidos a Cristo el trabajo se hace servicio y el servicio se hace alegría… y la alegría del servicio se hace motivo de vida.




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