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Rompiendo las cadenas del yo, yo, yo, yo



Por: Manuel Rodriguez Diaz.

La fe es un camino que se anda, no un lugar al que se llega. No te encuentras con Jesús para quedarte sentado, en éxtasis, por más que desees decir como Pedro: (*) que bien se está aquí. Tienes que seguir.

Caerás, a veces caerás; te resbalarás, tropezarás, tendrás miedo, pereza, viejos hábitos arraigados que te llamarán a volver atrás. Por eso el Maestro dijo: (*) Yo soy el camino. Por eso dijo: (*) ven y sígueme. Para que avances, para que avancemos, como peregrinos que somos en este mundo.

¿Vamos alegres? Sí, muy alegres; pero con la alegría de Cristo que no es la alegría del mundo. ¿De fiesta? Sí, con Él estamos de fiesta, pero en la fiesta de Cristo que no es la fiesta del mundo.

Encontrarás hermanos. Muchos hermanos; a cada paso descubrirás que tienes más y más hermanos. Padre nuestro, dices al rezar; sí, Padre nuestro. Padre tuyo, padre mío, padre de todos. Primero son palabras, después, lo vives y te edifica el hecho de ir comprendiendo, desde la razón tanto como desde el corazón, que Su palabra es La Verdad. Que todos somos hermanos.

Algunos no te caerán bien. A otros, no les caerás bien. Eso te podrá resultar incómodo, molesto e irritante. De esa incomodidad, esa molestia y esa irritación te reirás y la olvidarás cuando la eches a un lado y quites ese peso inútil de tu equipaje. Siempre que sigas adelante, con Su Gracia, lo conseguirás.

Poco a poco, casi sin notarlo, tus YO, Yo, yo, yo, se irán empequeñeciendo, mostrándose como lo que realmente son: anclas, lastre, cadenas que creías que tenían el poder de mantenerte encerrado, aislado, atascado, paralizado, estancado; usa el adjetivo que mejor te parezca. Y ¿Qué o quienes son mis yo, yo, yo, yo? Yo quiero, yo tengo, yo hago, yo sé. 

Deja que la gracia de Dios, en su misericordia infinita, te libere y te sane de las ataduras y camina con Jesús, con la fuerza de Su Espíritu Santo, en comunión con Su Iglesia
.
Que María santísima interceda por ti, por mí y por todos nosotros, para llevarnos a su Hijo, el hijo de Dios, que por nosotros entrego su vida en la cruz y por nosotros resucitó de entre los muertos. Amén.


(*) Mateo 17, 4 (*) Juan 14, 6 (*) Marcos 10, 21


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