17 de octubre de 2016

Misericordia de María




Dice la Biblia que “Dios es Amor” Ésta es la verdad más importante de tu vida, que “Dios te ama, y con amor eterno te quiere”. Fíjate lo que hoy, aquí y ahora te dice el Señor por medio del profeta Isaías: “No temas, que Yo te he salvado, te he llamado por tu nombre… Yo estaré siempre contigo… Tú vales mucho para mí, y Yo te amo. Por eso, no tengas miedo, que Yo estoy contigo”.

Ya sabes, por tanto, querido lector, hombre o mujer, que tú eres amado, amada por Dios, tu Padre del cielo.

Así, Dios te llama al amor, a vivir una vida llena de verdadero amor, amando a Dios y al prójimo. Tu labor principal en este mundo es ésta: “Amarás al Señor tu Dios sobre todas las cosas, y al prójimo como a ti mismo”. Éste es el mandamiento más importante.
Y la Virgen María, que guardaba y cumplía siempre la Palabra de Dios, vivió amando de corazón al prójimo, como enseña la Escritura.

Recuerda también cuál es el mandamiento nuevo de Jesús, dado en la Última Cena, antes de padecer por nosotros en la Cruz: “Como el Padre me ama a Mí, así os amo Yo a vosotros. Permaneced en mi amor… Os doy un mandato nuevo: amaos unos a otros como Yo os he amado”.

Fíjate bien que Jesús, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Pues “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Por eso, Cristo te amó dando la vida también por ti. La Cruz de Cristo es la mayor prueba de su amor por ti. Tú puedes decir, igual que San Pablo, “Cristo me amó y se entregó por mí”.

Más de 300 veces la Biblia habla de la misericordia de Dios. Es decir, que Dios te ama con misericordia, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras faltas. Así, las parábolas de Jesucristo hablan del corazón tan bueno de Dios Padre, que siempre está dispuesto a perdonar. Como hizo con el hijo pródigo, que se marchó de casa y vivió perdidamente.

Cuenta esta parábola que, después de mucho tiempo, el hijo quiso regresar y se puso en camino a donde estaba su padre. “Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr se le echó al cuello y se puso a besarlo”.

Así es el Corazón del Padre, infinitamente bueno y misericordioso. Precisamente María, en su cántico del Magníficat alaba por dos veces esta gran misericordia del Señor. Y la Virgen agradece y bendice a Dios que “enaltece a los humildes y colma de bienes a los hambrientos”. Se ve en este himno que María conoce muy bien el amor y la misericordia del Padre, y su predilección por los más pobres y necesitados.

Jesús dijo también que “no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Quiero misericordia y no sacrificio. Pues he venido a llamar a los pecadores a que se conviertan”. Y también “venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados que Yo os aliviaré… Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.

Así también, la Virgen María es humilde de corazón. Tiene corazón maternal. Es Madre de misericordia, como rezamos en la Salve. María tiene ojos misericordiosos, compasivos hacia todos nosotros, hacia todos sus hijos y siente en su corazón de Madre las penas y dolores de los hombres y mujeres de la tierra.

Hay un famoso escritor italiano, el sabio doctor San Alfonso María de Ligorio, gran experto en derecho y moral, que escribió un libro de la Virgen titulado Las Glorias de María. Es un precioso comentario a la Salve.

En su primer capítulo habla de la confianza que debemos tener en María por ser la Reina de la misericordia. Así, María es la que abre las puertas de los tesoros infinitos de la misericordia de Dios y no hay pecador tan grande que se pueda perder si acude a María, pues la Virgen siempre lo recibirá y protegerá.

En el segundo capítulo, San Alfonso nos anima a una mayor confianza en la Virgen por ser nuestra Madre misericordiosa. Así, María en el Monte Calvario ofreció al eterno Padre, con el mayor dolor de su corazón, la vida de su Hijo por nuestra salvación, cooperando con todo su amor a que los fieles nacieran a la vida de la gracia.

Este genial escritor no hace sino explicar el evangelio y sacar las consecuencias. Por ejemplo del pasaje de la Virgen María al pie de la Cruz: “María es nuestra Madre, la Madre del Amor Hermoso. Por amor se hizo nuestra Madre, y es tan grande su amor, aunque sin merecerlo nosotros, que deseó ardientemente morir por nosotros juntamente con su Hijo en la Cruz”.

Con muchas razones, este profundo doctor de la Iglesia demuestra que María es la esperanza de los pecadores. Como una buena Madre, Ella no rechaza nunca al hijo por muy malo o pecador que sea. Cuanto más enfermo pueda estar un hijo, más le cuidará su madre. Y aunque estuviera en la cárcel, quizás olvidado por todos, una buena madre jamás le olvidará.

Por eso, te animo también a ti, querido lector o lectora, a confiar plenamente en María, tu Madre, que siempre te ama a pesar de todo… Quien acude a María, siempre será recibido por Ella con amor y cariño maternal. Es el mandato que le dio Jesús desde la Cruz: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”.

Es interesante también lo que asegura Santa Brígida de Suecia: “Qué alegría saber lo mucho que Dios ama a María. Y con ese mismo amor, te ama María a ti. Así, por mucho que uno haya pecado, María le recibe en seguida; no mira los pecados que trae, sino que desea curar sus llagas, vendar sus heridas, pues es, en verdad, Madre de misericordia”.

Por eso, María es nuestra fiel abogada y protectora, nuestro auxilio y perpetuo socorro en todos los peligros y necesidades de nuestra vida. El Corazón de María es el refugio seguro de los pecadores. Como decía un buen amigo mío, qué bueno es Dios, qué buena es María. Y qué buenos tenemos que ser también nosotros con los demás.

Con María, confía tú también en el amor de Dios. “Que nadie tema acercarse a Jesús, aún cuando sus culpas sean las más atroces”, recordaba el Papa Juan Pablo II, hablando de la infinita misericordia del Señor. No olvides que la misericordia de Dios es más grande que todos tus pecados. Y lo repetía Juan Pablo II: “La Divina Misericordia es la mayor esperanza para el mundo de hoy envuelto en tantos peligros”. Ahí tienes su preciosa encíclica Dives in Misericordia. 

Gustavo Johansson
sacerdote diocesano
Director espiritual de Mercabá

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