8 de diciembre de 2016

Personajes del Adviento: María, madre del Redentor

Foto: lumoproject.com

El tiempo de Adviento vemos a la Virgen como intercesora y por eso es un tiempo propiamente Mariano. 

Con el nacimiento de Jesús mediante su madre María, comienza el “cielo nuevo y la tierra nueva”. Una realidad que muestra a María, la toda pura, sin mancha: ella es la Inmaculada.

Toda la preparación de Dios a su pueblo alcanza su culmen en la Santísima Virgen María, la escogida para ser la Madre del Redentor. Ella fue preparada por el Señor de manera única y extraordinaria.

En la celebración de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María vemos a Nuestra Señora aplastando la cabeza de la serpiente y ha sido preservada del pecado original heredado de nuestros primeros padres Adán y Eva, que se nos borra con el Bautismo, aunque no las consecuencias que es la concupiscencia y que en palabras del Apóstol San Pablo podríamos decir que “hago el mal que no quiero hacer y el bien que quiero hacer tanto me cuesta”.

La Virgen María fue la Madre del Primer Adviento que acabó en Belén hace veinte siglos, y es también la Madre del Segundo Adviento que concluirá con el próximo retorno de Jesús en la gloria y nos invita a prepararle el camino. Lo mismo que Jesús vino la primera vez por María, vendrá de nuevo por medio de Ella.

La prefiguración de María ya está en el antiguo testamento


El papel de la Virgen en la “Historia de la Salvación” es muy esencial, no accidental como dicen los protestantes.

En las primeras páginas del Génesis, el capítulo III donde nos narra la historia del pecado original. Dios, una vez que Adán y Eva han pecado no nos abandona a nuestra propia suerte, sino que al momento nos promete un Salvador, cuando dice a la serpiente (el diablo):

“Pongo perpetua enemistad entre ti y la Mujer (la Virgen), entre tu linaje y el suyo, Ella (la Virgen) te aplastará la cabeza, mientras que tú no la dañaras en el talón”.

Este texto fundamental es lo que los Santos Padres de la Iglesia han llamado el protoevangelio, porque allí Dios ya nos presenta su plan salvador y en este plan la Virgen ocupa un papel esencial y principal.

Al respecto podemos recordar las Apariciones de la Medalla Milagrosa o de Guadalupe de México donde la Virgen aparece “aplastando la cabeza de la serpiente”.

Todo el Antiguo Testamento está lleno de imágenes y figuras que son representaciones de la Santísima Virgen:
– El pozo de Jacob
– La Zarza que arde sin consumirse en el Sinaí
– La vara de Moisés
– El Arca de la Alianza
– La Torre de David

Las Santas mujeres del Antiguo Testamento también representan a la Virgen:
– Sara
– Judit
– Rut
– Rebeca
– Esther
– Abigail

El misterio de la encarnación


La historia de la salvación tiene en Cristo su punto culminante. Todo fue creado por Él y para Él, y todo se mantiene en Él. En Él, el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y la historia.

La encarnación por tanto es la revelación de Dios hecho hombre a través de María Santísima por obra del Espíritu Santo. Viene al mundo a través de Ella.

Así es que Dios interviene en la historia de la humanidad a través de la mediación materna de María. Es a través de Ella que viene el Redentor al mundo. Es Ella quien lo trae y presenta al mundo. Y así seguirá ejerciendo este rol medianero aún en nuestros días.
Por eso, no podemos fijar la mirada en la Encarnación sin la contemplación de la Virgen Santísima.

Ella es instrumento de la Encarnación, su SÍ ha sido fundamental. San Bernardo dijo: “nunca la historia del hombre dependió tanto, como entonces, del consentimiento de la criatura humana”.

No podemos vivir plenamente el Adviento sin dirigir la mirada al primer  personaje que lo vive. Ella ha sido preparada por Dios para esperar, para abrir el camino al Salvador.





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