Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

Como semilla de mostaza

Por: Manuel Rodriguez Diaz.


Dice el Evangelio según San Marcos: “El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo” (Marcos 4, 26-27)

Muchas veces hemos sembrado la semilla de una idea, de un proyecto que anhelamos llevar a cabo, de algo que sentimos es un llamado a la acción; sin embargo, la impaciencia nos atormenta y lo que sembramos con las manos no lo dejamos brotar, mirando una y otra vez si ya germina, si ya se asoma, regando una y otra vez con el agua de la inquietud hasta que ahogamos la semilla y la perdemos para siempre. 

Eso ocurre por creer que todo depende de nosotros, por depositar toda la confianza en nuestras capacidades y no reconocer que nuestro Padre ha dispuesto todo, el orden perfecto de Su creación es inalterable y es en Él donde debe residir nuestra confianza.

“La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.»” (Marcos 4, 28-29)

Preparar la tierra, abrir los surcos y dejar caer la semilla, ese es nuestro trabajo, nuestro sudor, cansancio, capacidad y esfuerzo; el surgir de una planta que crezca y se multiplique en frutos ya viene dado como regalo de Dios; de Él depende y en Sus manos está.

“¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.” (Marcos 4, 30-32) 

Que con la ayuda de María Santísima meditemos esta palabra en nuestro corazón.





Manuel Rodriguez Diaz



Recibe las actualizaciones en tu correo:


by FeedBurner



Comentarios