Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

La muerte no es el final del camino

La muerte no es el final
Cesáreo Gabaráin.


 Tú nos dijiste que la muerte
    no es el final del camino,
    que aunque morimos no somos
    carne de un ciego destino.
    Tú nos hiciste, tuyos somos.
    Nuestro destino es vivir
    siendo felices contigo,
    sin padecer ni morir.

    Cuando la pena nos alcanza
    por un hermano perdido,
    cuando el adiós dolorido
    busca en la fe su esperanza,
    en tu palabra confiamos,
    con la certeza que tú
    ya le has devuelto la vida,
    ya le has llevado a la luz.

    Cuando, Señor, resucitaste,
    todos vencimos contigo.
    Nos regalaste la vida
    como en Betania al amigo.
    Si caminamos a tu lado,
    no va a faltarnos tu amor,
    porque, muriendo, vivimos
    vida más clara y mejor.


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