Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor (Salmo 125)

Grandes cosas has hecho por nosotros, Señor.

R Grandes cosas has hecho por
nosotros, Señor.

Cuando el Señor nos hizo volver
del cautiverio, creíamos soñar;
entonces no cesaba de reír nuestra
boca, ni se cansaba entonces la lengua
de cantar /R

Aun los mismos paganos con
asombro decían: “¡Grandes cosas ha
hecho por ellos el Señor!” Y estábamos
alegres, pues ha hecho grandes
cosas por su pueblo el Señor /R

Como cambian los ríos la suerte
del desierto, cambia también ahora
nuestra suerte, Señor, y entre gritos
de júbilo cosecharán aquellos que
siembran con dolor /R

Al ir, iban llorando, cargando la
semilla; al regresar, cantando vendrán
con sus gavillas /R

(Sal 125)


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