Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

10 citas bíblicas del libro de los Salmos

10 citas bí-blicas del libro de los Salmos

Alzo mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi auxilio? Mi auxilio me viene de Yahveh, que hizo el cielo y la tierra. (Salmo 121, 1-2)

¿Hasta cuándo serán torpes de corazón, amando vanidad, rebuscando mentira? (Salmo 4,2)

Clamé al Señor en mi angustia, a mi Dios invoqué; y escuchó mi voz desde su Templo, resonó mi llamada en sus oídos. (Salmo 18,6)

Nuestra alma en Yahveh espera, él es nuestro socorro y nuestro escudo; en él se alegra nuestro corazón, y en su santo nombre confiamos. (Salmo 33, 20-21)

He visto al impío muy arrogante empinarse como un cedro del Líbano; pasé de nuevo y ya no estaba, le busqué y no se le encontró. (Salmo 37, 35-36)

Dichoso el hombre aquel que en el Señor pone su confianza, y no se va con los rebeldes, que andan tras la mentira. (Salmo 40,4)

Bendito sea Dios, que no ha rechazado mi oración ni su amor me ha retirado! (Salmo 66,20)

Vuelve, alma mía, a tu reposo, porque el Señor te ha hecho bien. Ha guardado mi alma de la muerte, mis ojos de las lágrimas, y mis pies de mal paso. (Salmo 116, 7-8)

Si ando en medio de angustias, tú me das la vida, frente a la cólera de mis enemigos, extiendes tú la mano y tu diestra me salva (Salmo 138,7)

¡Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni en la senda de los pecadores se detiene, ni en el banco de los burlones se sienta, mas se complace en la ley del Señor, su ley susurra día y noche! Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien. (Salmo 1, 1-3)



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