Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha (Mateo 6:1-6, 16-18)


Lectura del Santo Evangelio según San Mateo (Mateo 6:1-6, 16-18)
Cuídense de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad les digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oren, no sean como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad le digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunen, no pongan cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad les digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Palabra del Señor
Gloria a ti Señor Jesús

Jesús llama a practicar la limosna, la oración y el ayuno, no desde el impulso vacío por las apariencias y la vanagloria, si no desde el humilde silencio de la verdadera trascendencia. 
Sirve de poco o nada el aplauso pasajero; la acción sin una correcta intención es por lo menos auto engaño, cuando no es hipocresía.

La limosna, ayudar a todo aquel al que se le pueda tender la mano,con sinceridad y sin esperar la foto y la palmadita en la espalda. 

La oración con las manos, la mente y corazón abiertos hacia Dios Padre, no como espectáculo para que nos aplaudan por lucir espirituales y remilgosos. 

El ayuno para templar el espíritu y, en palabras de San Agustín, “encender la luz de la caridad”; no para ganar admiración por un falso ascetismo.  

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