Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? (Salmo 27)

La Magdalena1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? El Señor, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

2 Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

4 Una cosa he pedido al Señor, una cosa estoy buscando: morar en la Casa del Señor, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura del Señor y cuidar de su Templo.

5 Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.



6 Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda ofreceré sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré al Señor. 


7 Escucha, Señor, mi voz que clama, ¡tenme piedad, respóndeme!


8 Dice de ti mi corazón: "Busca su rostro." Sí, Señor, tu rostro busco

9 No me ocultes tu rostro. No rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio. No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

10 Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá.

11 Enséñame tu camino, Señor, guíame por senda llana, por causa de los que me asechan;

12 no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.

13 ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivos!

14 Espera en el Señor, ten valor y firme corazón, espera en el Señor.



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