26 de junio de 2015

El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? (Salmo 27)

La Magdalena1 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién he de temer? El Señor, el refugio de mi vida, ¿por quién he de temblar?

2 Cuando se acercan contra mí los malhechores a devorar mi carne, son ellos, mis adversarios y enemigos, los que tropiezan y sucumben.

3 Aunque acampe contra mí un ejército, mi corazón no teme; aunque estalle una guerra contra mí, estoy seguro en ella.

4 Una cosa he pedido al Señor, una cosa estoy buscando: morar en la Casa del Señor, todos los días de mi vida, para gustar la dulzura del Señor y cuidar de su Templo.

5 Que él me dará cobijo en su cabaña en día de desdicha; me esconderá en lo oculto de su tienda, sobre una roca me levantará.



6 Y ahora se alza mi cabeza sobre mis enemigos que me hostigan; en su tienda ofreceré sacrificios de aclamación. Cantaré, salmodiaré al Señor. 


7 Escucha, Señor, mi voz que clama, ¡tenme piedad, respóndeme!


8 Dice de ti mi corazón: "Busca su rostro." Sí, Señor, tu rostro busco

9 No me ocultes tu rostro. No rechaces con cólera a tu siervo; tú eres mi auxilio. No me abandones, no me dejes, Dios de mi salvación.

10 Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá.

11 Enséñame tu camino, Señor, guíame por senda llana, por causa de los que me asechan;

12 no me entregues al ansia de mis adversarios, pues se han alzado contra mí falsos testigos, que respiran violencia.

13 ¡Ay, si estuviera seguro de ver la bondad del Señor en la tierra de los vivos!

14 Espera en el Señor, ten valor y firme corazón, espera en el Señor.