Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

Señor, ¿quién puede hospedarse en tu morada?


  Señor, ¿quién puede hospedarse en tu morada
    y habitar en tu monte santo?

   El que procede honradamente
    y practica la justicia,
    el que tiene intenciones leales
    y no calumnia con su lengua,



    el que no hace mal a su prójimo
    ni difama al vecino,
    el que considera despreciable al impío
    y honra a los que temen al Señor,

    el que no retracta lo que juró
    aun en daño propio,
   el que no presta dinero a usura
    ni acepta soborno contra el inocente.

    El que así obra nunca fallará.


(Salmo 14)



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