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Nuestra esperanza

 Manuel Rodriguez Diaz
Jesús ha vencido. La muerte no es el final. Y esa es nuestra esperanza

Los discípulos de Emaús llegan a donde estaban reunidos los apóstoles y les cuentan que han visto al Señor. Que Él les ha hablado, que lo han reconocido al partir el pan; que les ha explicado las escrituras (1).

Después de escuchar el testimonio de sus hermanos se les aparece Jesús en persona. Lo tiene delante de sus ojos. Les dice: la paz sea con ustedes… sin embargo ellos sienten miedo. Se asustan; creen ver a un fantasma.



Él les pide de comer. Así les demuestra que su resurrección no es un símbolo que depende de la interpretación que se le dé. No. Él les demuestra que está vivo. Que Jesús, el Señor, vive. Que su cuerpo que fue destrozado a golpes y latigazos y sus huesos fracturados, rotos por el peso de la cruz; ha sido restaurado. Está entero. Sano. Hecho de nuevo por aquel que hace nuevas todas las cosas (2).

Es el Señor y ha vuelto. Es el Señor y ha vencido. Les deja ver que la muerte no tiene poder sobre ÉL… ni la tendrá sobre aquellos que creen en Él.

Jesús les abre el entendimiento para que comprendan las escrituras; los textos antiguos que ya anunciaban su venida. Estaba escrito que sufriría, que moriría, pero que al tercer día habría de resucitar.

Les recuerda que han sido testigos de su pasión y muerte y que ahora son testigos de su victoria sobre la muerte y que deben anunciarlo al mundo, llevar la buena noticia desde Jerusalén a todas partes y a todas las gentes: que Dios te ha creado y te ama tanto que envió a su Hijo para que vuelvas a Él (3). Que no estás perdido y sin rumbo, que tienes contigo el Amor eterno de Dios (4). Que con Él y en Él la vida tiene propósito y no es una sucesión de eventos sin sentido.

Jesús les enseña que la muerte no es el final. Y esa es nuestra esperanza.