Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

Nuestra esperanza

 Manuel Rodriguez Diaz
Jesús ha vencido. La muerte no es el final. Y esa es nuestra esperanza

Los discípulos de Emaús llegan a donde estaban reunidos los apóstoles y les cuentan que han visto al Señor. Que Él les ha hablado, que lo han reconocido al partir el pan; que les ha explicado las escrituras (1).

Después de escuchar el testimonio de sus hermanos se les aparece Jesús en persona. Lo tiene delante de sus ojos. Les dice: la paz sea con ustedes… sin embargo ellos sienten miedo. Se asustan; creen ver a un fantasma.



Él les pide de comer. Así les demuestra que su resurrección no es un símbolo que depende de la interpretación que se le dé. No. Él les demuestra que está vivo. Que Jesús, el Señor, vive. Que su cuerpo que fue destrozado a golpes y latigazos y sus huesos fracturados, rotos por el peso de la cruz; ha sido restaurado. Está entero. Sano. Hecho de nuevo por aquel que hace nuevas todas las cosas (2).

Es el Señor y ha vuelto. Es el Señor y ha vencido. Les deja ver que la muerte no tiene poder sobre ÉL… ni la tendrá sobre aquellos que creen en Él.

Jesús les abre el entendimiento para que comprendan las escrituras; los textos antiguos que ya anunciaban su venida. Estaba escrito que sufriría, que moriría, pero que al tercer día habría de resucitar.

Les recuerda que han sido testigos de su pasión y muerte y que ahora son testigos de su victoria sobre la muerte y que deben anunciarlo al mundo, llevar la buena noticia desde Jerusalén a todas partes y a todas las gentes: que Dios te ha creado y te ama tanto que envió a su Hijo para que vuelvas a Él (3). Que no estás perdido y sin rumbo, que tienes contigo el Amor eterno de Dios (4). Que con Él y en Él la vida tiene propósito y no es una sucesión de eventos sin sentido.

Jesús les enseña que la muerte no es el final. Y esa es nuestra esperanza. 

Comentarios