29 de enero de 2015

¡Sin ti, nada oh Dios!

¡Sorpréndeme, oh Padre!
Para que, dejándome guiar y llevar por Ti
Tú, sólo Tú, seas el soplo
que conduzca y empuje el navío de mis días
¡Sal a mi encuentro, con tus brazos abiertos!

Y, apreciando tu presencia,
nunca me falte tu aliento en mis pasos
tu Palabra en mis débiles obras
tu consejo en las noches de incertidumbres

¡Necesito tanto tu autoridad, Señor!
Saber que me acompañas en mis luchas
Creer que me arropas en mis proyectos

¡Sin ti, nada oh Dios!  y contigo todo   
Eres la fuente de mi inspiración
la semilla que, mis manos, dejan en el surco
La llama viva con la cual intento prender el mundo

 El amor infinito que pone al descubierto el mío
limitado, cerrado e interesado
Eres, oh Dios, el dueño de la existencia
Aquel que en el silencio habla
y en el amor tiene su último y mejor mensaje

Aquel que, cuando se le llama,
tarde o temprano responde
Aquel que, cuando se le arroja fuera del mundo,
sigue aguardando el retorno
con manos tendidas y abiertas

¡Sin ti, nada oh Dios!

Ayúdanos, Dios y Padre, que estás en el cielo
a sacar de nosotros aquello que nos paraliza
A dinamitar los muros que nos apartan de Ti
A expulsar el maligno que, en lucha encarnizada,
nos quiere para infierno y no para el cielo.

¡Sin ti, nada oh Dios!

Y contigo, lo podemos hacer todo…Señor.

Javier Leoz