Que a nadie le falte el pan

Señor Jesús, todos los hombres buscamos el pan y la paz. ¡Cómo nos alegra oír de tus labios esta palabra íntima! Saber que tú eres el pan de vida, pan amasado con el fruto de la tierra, pan ganado con sudor, pan que da fuerza para andar el camino, pan para el pobre y el peregrino.
Eso eres tú: pan vivo. Que el pan que compartimos nos una a todos en el cuerpo de Cristo. Renueva, Señor, en este día el corazón de nuestra sociedad, para que el pan de la abundancia sea compartido con los pobres.
Haz que a nadie le falte el pan: el pan de tu palabra y de tu espíritu, el pan de un jornal suficiente, el pan de la libertad, el pan de la amistad y del amor fraterno. Acuérdate, Señor, de los miembros más débiles de tu cuerpo. Y que nosotros no los olvidemos nunca.

Hágase



Hágase. Y la Palabra se hizo carne en la tierra de María.

Hágase. Y el mundo dejó espacio al rostro de Dios plasmado en una mujer.

Hágase. Y, en María, lo femenino se convirtió en lugar de encuentro, de anuncio de Dios en el mundo. Y apareció en todo su esplendor la acogida y la entrega, la sensibilidad para captar el misterio de Dios, la ternura hacia todo lo que está vivo pero necesita madurar.

Hágase. Y María entabló un diálogo íntimo con la palabra, la guardó en el corazón; gracias a María la fe echó raíces profundas en la condición humana. 

Palabra de la Iglesia: 

"María ha pronunciado este fiat por medio de la fe. Por medio de la fe se confió a Dios sin reservas y se consagró totalmente a sí misma, cual esclava del señor, a la persona y a la obra de su Hijo. Y este Hijo... lo ha concebido en la mente antes que en el seno: precisamente por medio de la fe" (RM, 13).

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