23 de septiembre de 2011

Señor, haz que mi fe sea humilde

Señor, yo creo, quiero creer en Ti. Haz que mi fe sea plena, sin reservas, y que penetre en mi pensamiento, en mi modo de juzgar las cosas divinas y las cosas humanas.

Señor, haz que mi fe sea libre: que tenga el concurso personal de mi adhesión, acepte las renuncias y los deberes que entraña y exprese el vértice decisivo de mi personalidad: creo en Ti, Señor.

Señor, haz que mi fe sea cierta; cierta por una armonía exterior de pruebas y por un testimonio interior del Espíritu Santo, cierta por su luz tranquilizadora, por su conclusión pacificadora, por su asimilación aquietadora.

Señor, haz que mi fe sea fuerte, no tema las contrariedades de los problemas de que esta llena la experiencia de nuestra vida ávida de luz, no tema las objeciones de quien la discute, la ataca, la rechaza, la niega; antes se consolide con la experiencia íntima de tu verdad, resista al agobio de la crítica, se robustezca en la afirmación continua que supera las dificultades intelectuales y espirituales en que se desenvuelve nuestra existencia personal.

Señor, haz que mi fe sea gozosa y dé paz y alegría a mi espíritu, y lo vuelva apto para la oración ante Dios y el trato con los hombres, de modo que irradie en las conversaciones santas y profanas, la felicidad interior de su dichosa posesión.

Señor, haz que mi fe sea operante y dé a la caridad las razones de su expansión moral, de modo que sea una verdadera amistad contigo y en las obras, en los sufrimientos, en la espera de la revelación final, sea una continua búsqueda y un continuo testimonio de Ti, un alimento continuo de esperanza.

Señor, haz que mi fe sea humilde y no pretenda fundarse en la experiencia de mi pensamiento y de mi sentimiento; sino que se rinda al testimonio del Espíritu Santo, y tenga su mejor garantía en la docilidad de la tradición y la autoridad de la Santa Iglesia.



Amén.



Pablo VI.