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María en la misa

El cáliz representa a María. La Santísima Virgen María es el cáliz vivo forjado, labrado, ornamentado por Dios Padre a través de la acción del Espíritu Santo para contener a la Segunda Persona.

El cáliz cubierto con el velo representa a María antes de ser llamada a la existencia. Existía pero en la mente de Dios, pero el velo del no-ser todavía le cubría.

Cuando el cáliz es descubierto de su velo bien fuera del altar en una credencia, bien a un lado del altar, eso simboliza la aparición de María, la Inmaculada Concepción.



Cuando se le coloca sobre el corporal simboliza a María ofrecida en el Templo porque ya se le ofrece sobre el altar del Templo.

Cuando el sacerdote eleva el cáliz en el ofertorio, simboliza la plenitud de María. María deja atrás su infancia y llega a la madurez de su santidad.

Cuando el sacerdote coloca la manos sobre el cáliz en la epíclesis, simboliza al Espíritu Santo que cubrió el cáliz que era María para que se produjese la Encarnación. Pero primero viene el Espíritu Santo para preparar ese asiento de la Divina Sabiduría. Después, una vez preparado, ya viene la Segunda Persona.

Durante la consagración, el presbítero puede imaginar a María a su lado. Ella es digna de acercarse al altar. Ella y sólo ella fue la primera en tenerlo en sus manos, como ahora lo tendrás tú.

María estuvo al lado de la Cruz, es lógico imaginársela a tu lado lo mismo que al lado de Juan el Apóstol.


He dicho que la transubstanciaón recuerda a la Encarnación. Más todavía refuerza esta idea el ser consciente en ese momento que el cáliz representa a María. Con lo cual, la palabra del sacerdote (su fiat presbiteral) hace que en el seno del cáliz aparezca Cristo.

En la doxología del (por Cristo, con Él y en Él...), Cristo es alzado en la Cruz y María con Él, porque ella fue corredentora y sufrió con Él como si ella misma hubiera sido clavada en la Cruz, cosa que hubiera preferido sin dudarlo.

Esta doxología tiene un sentido peculiar aplicado a María. María existía en la Segunda Persona antes de que ella naciera, como existen las cosas todavía no creadas en la voluntad, inteligencia y amor de Dios. Existía en Él como idea (Dios la conocía) y como deseo (Dios deseaba que existiera). En ese sentido, ella estaba en Él y con Él, pues la delicia de que ella con todo su amor existiría más adelante, siempre acompañó a Dios. Y cuando ella existiese, existiría por Él, plenamente para Dios.

¿Con qué amor y devoción recibiría la comunión María en aquellas primitivas comunidades cristianas? Todos la mirarían de reojo sin poder evitarlo.

El agua que se derrama en el interior del cáliz para purificarlo, representa las muchísimas lágrimas que María derramó al perder a su hijo, lágrimas que nos purifican a nosotros. Dos veces se derrama el agua. La primera representa las lágrimas de María durante la Pasión, la segunda las lágrimas tras la sepultura de su hijo.

Dado que Jesús estuvo tres días (incompletos) en el Sepulcro, podría parecer que sería más adecuado derramar tres veces agua dentro del cáliz. Pero para mí el que sean sólo dos veces, representa que María lloró tanto que, al final, se secó la fuente de sus lágrimas: ya no le quedaban más lágrimas que llorar.

Estos son algunos esbozos para leer marianamente la liturgia. Las almas enamoradas encontrán más símbolos de María en la misa. Pues es posible leer toda la misa bajo la perspectiva de ella. Toda la misa nos habla de María si sabemos escuchar. La misa la podemos vivir como la vida y pasión de Cristo, y también como la vida de María.


Del libro: Las aguas vivas que borbotean; consideraciones espirituales acerca de cada una de las partes de la Misa, por el  Padre José Antonio Fortea